En estricto sentido, las marcas son consideradas signos que permiten distinguir bienes y servicios. Pero apartándonos un poco de la rigidez de la definición y recordando lo dicho por uno de los gurús del marketing actual (Seth Godin) “La gente no compra bienes y servicios. Compra relaciones, historias y magia”, las marcas pueden ser algo más profundo.
¿Podrían las marcas ser más que signos para distinguir bienes o servicios? Lo cierto es que las marcas distinguen y transmiten mucho más: van del producto o el servicio a la experiencia, creando emociones y conexiones con el consumidor. O cómo explicar que la marca VOLVO se está apropiando del concepto de seguridad en los vehículos, ROLEX por su parte de la elegancia y la precisión, FERRARI del poderío al conducir, CHANEL de la elegancia para una mujer moderna y sofisticada.
Todas las marcas en el mundo tienen una razón de ser, un motivo, ese algo que las hace diferentes a las demás. La pregunta obligada será: ¿qué es eso que las grandes casas crean para seducir al público consumidor?
“La gente no compra bienes y servicios. Compra relaciones, historias y magia.”
He notado con especial atención cómo algunas marcas se apartan del objeto esencial del negocio, o en términos de mercadotecnia de su nicho de mercado, para crear experiencias, contar historias y hacer magia. Le Café Louis Vuitton, New York, es un claro ejemplo. Recordemos que la marca, fundada en 1854, inició creando baúles y maletas más livianas y resistentes al agua que las convencionales de la época, esto sí diseñadas para la élite francesa.
La marca Louis Vuitton tiene actualmente espacios llamados café–biblioteca, lugares donde logran armonizar el concepto de la marca con experiencias alrededor de la gastronomía. A propósito de esto, otras marcas como BURBERRY, GUCCI, DIOR y CHANEL están haciendo lo propio, creando espacios similares para sus clientes con el objetivo de generar experiencias alrededor del signo distintivo.
De todos modos, las marcas siguen compitiendo para generar factores diferenciadores. La experiencia sensorial, en un mundo dinámico como el actual, puede generar esa ventaja competitiva, y está a disposición no solo de los grandes actores de diferentes industrias, sino al alcance de todos. Recuerden que “la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”.